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¡Tú me robaste a mi mami!

-“Ahora lo recuerdo, ¡qué horror! Tú subías a mi cuna y saltabas encima de mí!»

-“¡Tú me robaste a mi mami!”

Los hermanos Crane. «Foca» vs. «Alfeñique»

Sí, un diálogo maduro, propio de unos psiquiatras adultos, con mesura y nada envidiosos. Mentira mentirosa, o no tanto. Y es que la rivalidad, la envidia y la competitividad entre hermanos no entienden de edades, estratos sociales ni siquiera de planetas. Desde Asgard, ese lugar soleado a medio camino entre el mundo élfico de Tolkien y los rascacielos brillantosos del juego de mesa Hotel, hasta Seattle, pasando por Spain-is-different, todos los hermanos tenemos más de una historia que contar y más de dos que callar. Hola, me llamo Ana y soy la hermana pequeña.

Está visto que aquí cada uno tenemos nuestra diferente perspectiva según el carácter pero, también, según la posición que ocupamos en la cadena trófica…digo, en la cadena fraterna. Una aprendió que, seguramente, Darwin basó su teoría de la selección natural en el hecho de ser el quinto de seis hermanos. Eso curte. Cuando ocupas las últimas o la última posición de esa cadena trófica aprendes a meter codos, a hacerte un hueco como buenamente puedas buscando tu identidad fuera de comparaciones, a rebelarte contra el poder establecido: el del hermano mayor. El primero en llegar colgó su bandera en un territorio inexplorado hasta entonces, luchando contra la incertidumbre y los elementos. Eso también tiene mérito. ¿Los hermanos medianos? Insustanciales, confesémoslo.

“Tan solo uno de los dos puede ascender al trono [ahí ya tenemos el lío armao’] aunque los dos nacisteis para ser reyes [venga, menos coba Odín, cuéntaselo a un ilegítimo que te lo crea]”. En el punto, en ese exacto en el que de entre varios descendientes solo puede haber un heredero, ya la hemos liao’, ya surge la competitividad que fácilmente se extenderá ad eternum.

Los pequeños Thor y Loki luchan por el trono
(fuente: http://rebloggy.com)

Esa rivalidad auspiciada por el progenitor y en la que la envidia será el condensador de Fluzo que alimentará ese DeLorean que te permite, tengas 8, 30 o 55 años, competir con tu hermano para conseguir aquello que crees que sí tiene y tú no. Oasis en el desierto, oigan. Conejos blancos que huyen, ilusiones que ya, a estas alturas, se desvanecen, caen por su propio peso porque ya todos somos adultos, o eso relata nuestro DNI, al menos.

Empezamos buscando la aprobación de mamá o con alguna otra inseguridad pero, ahora, estamos en un círculo vicioso del que podemos no salir”. ¡Venga, sí, cuánto amamos el drama! Pero esa parte cruenta de las relaciones hermaniles, de las collejas clandestinas y de los sarcasmos no es la única cara de la moneda. Tengamos perspectiva y hagamos memoria, aunque sea de la selectiva. Recordemos las veces cuyos consejos ayudaban a mover las nubes tóxicas encima de nuestras cabezas. Los momentos cómplices contra La Máxima Autoridad en alguna actividad clandestina a riesgo de ser nominados y expulsados de la casa. Las manos para evitar caídas entre mundos, más allá de Asgard, o los reconocimientos de la admiración profesional entre ciertos hermanos psiquiatras de la pequeña pantalla.

Y es que no somos perfectos, oigan, hacemos lo que podemos y aceptar a un hermano con sus miserias que, posiblemente, sean un reflejo de las propias no siempre es fácil. Pero la competencia nos fuerza a mejorar, quizá sin pretenderlo. A ir más allá, muchas veces con triples axel y pinos-puente incluidos. Quizá, buscando la eterna zanahoria pero, ésa ya es otra historia.

Tener competencia fraterna nos enseña a compartir, aún a regañadientes. Nos hace tener mayor perspectiva y eso siempre mola. Y, si no, siempre queda la satisfacción de poder putear al otro, y eso siempre mola más.

“Si alguna vez vuelvo a sentir envidia de tu cociente intelectual, te recordaré tirado sobre un lecho de langostas vivas, sollozando e intentado, desesperadamente, reanimar al buzo de plástico”.

 

 

 

 

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5 comentarios en «¡Tú me robaste a mi mami!»

  1. Se resume en: ¿eres de los que dabas o de los que recibías?
    En mi caso al ser la pequeña de dos hermanos (hermano mayor y hermana mediana) había días que recibía tobas everytime. Recuerdo tardes leyendo tranquila en la cama cuando mi hermana entraba corriendo gritando:¡Hora de fastidiaaaar! Me inmovilizaba y me hacía perrerías. Cuando me conseguía zafar, salía corriendo y en el pasillo ¡zas! mi hermano me pegaba una colleja sin venir a cuenta.
    Por suerte no todo eran ostiazos gratuitos, también hubo muchos momentos de juegos, complicidad y diversión, claro está y es con esos recuerdos, tanto los buenos como los malos en los que te das cuenta las experiencias y lo que aprendes y lo bonito que es, sobre todo en la niñez, y a pesar de las tobitas 😉

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  2. Era de los que daba y recibia. Por parte del mayor recibia, y por parte de la pequeña daba. Yo pense que disfrutaba con la Hora de Fastidar, pero no es asi. Perdona, Geekita 🙁

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