¡No me llames Junior!

“¡No me llames Junior!” Tranqui, Indi, no hay que ponerse así. Este muchacho siempre ha sido muy suyo para los nombres y tomó prestado el de su perro Indiana, en vez del formal Henry Jones Jr, en un acto de rebeldía contra su padre, amante de la arqueología como él. El carácter rebelde y combatiente es un rasgo  de los personajes que ha representado la celebridad ultrafriki de la que hoy hablamos que no es otro que Harrison Ford.

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Rick Deckard

“Vamos, Deckard, muéstrame de qué estás hecho” es una de las perlas de un diálogo interesante e intenso que mantienen el replicante Roy Batty con el policía cuya misión es darle el retirement. Ese poli de vuelta de todo es Ford. Un arquetipo de líder ya habitual entre sus interpretaciones: un tipo que se gana la vida como mejor sabe y que, por las circunstancias, acaba realizando hazañas.

El policía Deckard de Blade Runner lo escenifica en una película que, desde su estreno en 1982, es venerada por los amantes de la ciencia ficción gracias a su escenografía, al mundo innovador que supuso, en ese tiempo, ese futuro imaginado y por la trama de complicadas interacciones entre clones y humanos que lleva a éstos a reflexionar sobre su propia existencia. Ahí es na’ y Harrison dando el callo, con su semblante circunspecto, pa’ no variar.

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Han Solo ha envejecido bien

“Nadie me había plantado nunca cuando estaba siendo tan encantador”. No, error, esta perla soltada a una dama no es de Han Solo sino de Deckard, again, pero bien podría atribuírsele dado sus modales rudos y sarcásticos. ¿Qué queréis? Era un contrabandista dispuesto a librar la batalla del lado “Claro” de la Fuerza, en parte, por pasta. De buen corazón, ejemplificaba, de nuevo, a un hombre que no es elegido por ninguna fuerza mística que lo empuje al bien sino que son las circunstancias las que lo llevan a hacer lo correcto.

“Todos sabemos quién disparó primero”. Bueno, Han, no nos vamos a poner ahora quisquillosos que tener como copiloto a un ser peludo de 2 metros y medio como Chewbacca acojona y cualquiera te dice na’. Eso y ser congelado en Carbonita debe de marcar pero el carácter del Capitán Solo ya venía de serie: aguerrido, imprudente y arrogante. Vamos, un buen partido. “Te aseguro que a veces me asombro de mí mismo”, y yo, Han tronco, ya tenemos más en común aunque tú pilotaste El Halcón Milenario, rescataste a la Princesa Leia o desactivaste aquel aparatito, en Endor, que hizo virar el destino del Imperio entero.

Y es que a Harrison Ford le va el rollo de ir de bueno, de salvador, menos en esa obrita que ningún ser de este planeta debería ver justo antes de ir a dormir, “Lo que la verdad esconde”. A Harrison, un actor que combinó papeles sencillos con labores de carpintería para ganarse el jornal, le gusta interpretar papeles de hombre con principios, que recibe balazos por niños desvalidos (Único Testigo), que se enfrenta a las propias instituciones políticas-las suyas propias- (Peligro Inminente), que lucha contra el mundo demostrando su inocencia (El Fugitivo) o que encuentra a su mujer secuestrada en una movida muy gorda (Frenético) y ¡acaba bailando un temita de Grace Jones! [eso no está pagao’].

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Aparte de bueno, Harrison Ford puede engrosar la lista de celebridades ultrafikis por esa saga ultramegahiper freak como es Star Wars, por la citada Blade Runner o Indiana Jones. Los anuncios televisivos de cerveza japonesa en una sauna también cuentan, obviamente y hacen que, particularmente, una se acuerde de otro referente como es Murray en Lost in Translation.

Yo he de decir, permítanme, que soy fan de Indi, a los acérrimos de Star Wars los remito a la sabiduría de mis colegas de blog Geekita y Spike que de ello saben un montón. Soy fan de ese sombrero, ese látigo, esos pantalones casual que arrastra por continentes, ante nazis, mercenarios, piratas o tribus locas, en Jordania o Europa. Soy fan de ese convencimiento, de esa pasión que le pone a la búsqueda de las reliquias para el disfrute común aunque le quieran quemar, disparar, su avioneta derribar; a pesar de que el mismísimo Hitler le firme un libro o quieran convencerlo de que corazones tenga que arrancar.

Indi es confiado y bonachón, aventurero y algo huraño, casi lo que toda suegra quisiera encontrar. Yo, si me lo permiten los ultra fans aunque a herejía pueda sonar, adoro a ese Harrison que odia las serpientes, pisa baldosas erróneas o vuela hasta Siberia en busca de un antiguo amor y un poco de ayudita. Con un padre como Connery, “¡cómo no te voy a querer, lo-lo-lo-lo-lo!”.

“Solo el penitente pasará” o lo que es lo mismo, solo alguien como Harrison Ford es capaz de sobrevivir a sus hitos freaks, incluso a continuaciones fracasadas de sagas (El Reino de la calavera de cristal; veremos cómo resulta la vuelta al papel de Han Solo con la nueva trilogía-a cargo de Disney-o la posible vuelta de Indi en 2015)  y seguir.

Es un actor emblemático y carismático y por ello se lo rifan. Alguien como incluso Stallone lo sabe y ha contado con él para la nueva entrega de esa saga excelsa que es Los Mercenarios, cuya tercera parte se estrena el próximo verano. El año pasado estrenó otro clásico freak como Los Juegos de Ender y hace tres, Cowboys & Aliens.

Está claro que Harrison Ford es alguien que toma Medidas extraordinarias cuando la  ocasión lo merece, ya sea durante Seis días y siete noches, para llevar a buen término sus papeles en una filmografía extensa que ni La alargada Sombra del Diablo parece poder turbar. Y si la cosa se pone chunga y es menester, como buena celebridad ultra-freak, despliega todas sus Armas de Mujer. Pues na’, Harrison, chato, no te apures, tú Let the River Run.

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